sábado, 12 de noviembre de 2011

INFLUENCIA DE LA IGLESIA CATÓLICA EN LOS DERECHOS DE LA MUJER


Todavía en países del Tercer Mundo la influencia de la Iglesia Católica y el Fundamentalismo Islámico niega el derecho del individuo a una vida sexual libre y satisfactoria. La mujer no tiene libertad a la hora de elegir el número de hijos que desea tener, y en muchos países precisa del consentimiento del varón para acceder a medios anticonceptivos. Un dato alarmante señala que anualmente 5'8 millones de personas se convierten en portadoras del VIH y 2'5 millones mueren de Sida mientras la Iglesia Católica sigue obstruyendo el uso de condones, esenciales en la prevención del VIH.
En este sentido un colectivo católico progresista en su campaña "See Change" destacaba la necesidad de cambiar el estatus del Vaticano en la ONU para contrarrestar el recorte de los derechos sexuales. "La Santa Sede limita el acceso a la planificación familiar, al aborto en los países donde es legal y a los anticonceptivos de emergencia, incluso para los casos de mujeres violadas durante la guerra. En este marco, cada año mueren innecesariamente 600.000 mujeres durante el embarazo y el parto." La maternidad se convierte en muchos casos en un arma de opresión para la mujer. Una obligación impuesta por su condición biológica e instrumentalizada por las diferentes sociedades que pretenden reducir a la mujer a ser una productora de miembros de la comunidad. Y mejor si estos son varones, pues en el continente asiático, por citar un ejemplo, vale más un hombre que una mujer y se practica con frecuencia el aborto selectivo en función del sexo.

En las sociedades desarrolladas aunque la mujer puede elegir sobre su maternidad, ésta sigue siendo un "handicap" para muchas mujeres. Resulta muy difícil, por no decir imposible, compaginar la maternidad con una vida laboral remunerada y se espera de ella una dedicación absoluta al cuidado de los hijos. Lo que de forma natural es una experiencia enriquecedora y gratificante para la mujer puede suponer una pérdida de su libertad si contempla que su fin como mujer y su propia felicidad está en función de crear una familia.
La mujer de hoy tiene una asignatura pendiente, fruto de los años de sometimiento, y es descubrirse a ella misma con independencia de las circunstancias en las que elija vivir: en pareja, con una familia o sola.

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