Llegó el momento. El principio del final de tantos años de sometimiento, empieza a verse en el horizonte. Surgen ya pequeños chispazos de una energía nueva que gana terreno día a día, con seguridad, con firmeza, pero también con dolor, con lucha, con sacrificio.
Muchas mujeres en el pasado y en el presente se rebelan contra la esclavitud del hombre, se niegan a permanecer en silencio, reclaman derechos, exigen respeto, rompen moldes en distintos terrenos. Son pasos hacia la liberación. Pero es ahora cuando hay que definir el camino, hacia dónde hay que dirigir los pasos, ponerle nombre a algo que unifica todos los esfuerzos. Hoy podemos afirmar que todas las luchas tienen su culminación en el proceso que ahora da sus primeros pasos: el descubrimiento de lo femenino. Esta nueva corriente recorre ya las venas del planeta y sus huellas pueden seguirse a través del movimiento de muchas mujeres en todo el mundo. De la mano de lo femenino la mujer descubre que no tiene que buscar la igualdad, porque su lugar en el mundo no está en función de ningún parámetro creado por el hombre. Lo femenino es el camino. Y a diferencia de otros senderos trazados por el hombre, éste no es exclusivo de nadie. Todos, hombres y mujeres, tenemos un futuro esperando que pasa por la aventura de descubrir en nosotros mismos nuestra esencia femenina.
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