domingo, 13 de noviembre de 2011

MUJER DEL SIGLO XXI

En la actualidad, cada vez más mujeres trabajan, viven solas y se auto-sostienen. A este tipo de mujeres se las suele llamar: mujeres independientes.
La independencia de la mujer llegó en los años 60’ con la proliferación de la píldora anticonceptiva y el movimiento feminista, aunque en estos tiempos la imagen de mujer independiente dista mucho de la de aquellos.
En algunos espacios, se le rinde tributo a este tipo de mujer colocándola en algún tipo de pedestal como muestra de la evolución de la especie.
Si bien, la mujer tuvo que conquistar, en los últimos 50 o 60 años, muchos ámbitos. en la actualidad la independencia es una elección de vida la cual no creo que esté confinada a la soledad. No creo se excluyan mutuamente la vida en pareja y la independencia, pareciera simplemente que las mujeres nos hemos dado cuenta de que podemos valérnosla por nosotras mismas y compartir al mismo tiempo sin la histórica necesidad de que un “príncipe” venga a rescatarnos.
La mujer independiente, desde mi humilde punto de vista, simplemente sabe que puede y le gusta el poder que eso otorga.

sábado, 12 de noviembre de 2011

LIBERACION DE LA MUJER

 Llegó el momento. El principio del final de tantos años de sometimiento, empieza a verse en el horizonte. Surgen ya pequeños chispazos de una energía nueva que gana terreno día a día, con seguridad, con firmeza, pero también con dolor, con lucha, con sacrificio.
Muchas mujeres en el pasado y en el presente se rebelan contra la esclavitud del hombre, se niegan a permanecer en silencio, reclaman derechos, exigen respeto, rompen moldes en distintos terrenos. Son pasos hacia la liberación. Pero es ahora cuando hay que definir el camino, hacia dónde hay que dirigir los pasos, ponerle nombre a algo que unifica todos los esfuerzos. Hoy podemos afirmar que todas las luchas tienen su culminación en el proceso que ahora da sus primeros pasos: el descubrimiento de lo femenino. Esta nueva corriente recorre ya las venas del planeta y sus huellas pueden seguirse a través del movimiento de muchas mujeres en todo el mundo. De la mano de lo femenino la mujer descubre que no tiene que buscar la igualdad, porque su lugar en el mundo no está en función de ningún parámetro creado por el hombre. Lo femenino es el camino. Y a diferencia de otros senderos trazados por el hombre, éste no es exclusivo de nadie. Todos, hombres y mujeres, tenemos un futuro esperando que pasa por la aventura de descubrir en nosotros mismos nuestra esencia femenina.

MUJER Y HOMBRE

La liberación de la mujer ya está en marcha y no tiene vuelta atrás. Y aunque todavía quede la mayor parte del camino por recorrer, ya surgen atisbos de lo que será un mundo en el que las mujeres ocupen el lugar que les corresponde. Evidentemente, uno de los aspectos que tendrá un nuevo enfoque es la relación con el otro sexo. ¿Cómo será, desde los ojos de una mujer nueva, la relación con el hombre?
Son muchos los siglos de historia escritos por manos masculinas. La educación, basada hasta ahora exclusivamente en valores masculinos, ha marcado y sigue marcando la relación entre hombres y mujeres. No es sencillo romper esa huella, que es profunda en ambos sexos, e iniciar un nuevo tipo de relación basado en algo que vaya más allá de la ansiada igualdad. Esas son etapas intermedias, que son útiles hasta que se alcanza una dimensión mayor y una comprensión más profunda de lo que significa la naturaleza femenina. La nueva mujer no busca la igualdad porque en ningún momento necesita compararse con el hombre. Sabe que la llave para ponerse en el lugar que le corresponde está en el reconocimiento dentro de sí de su propia energía, la energía femenina. Ese es el camino para comenzar a descubrir una dimensión distinta de lo que significa ser mujer.Y por fuerza, la mujer que empieza a dar pasos en esa dirección, que comienza a liberarse de cadenas, tanto las impuestas desde el exterior como las que cada una se impone a sí misma por propia voluntad, quien se atreve a romper dentro de sí con siglos de educación machista y cruza la frontera, empieza a hacer descubrimientos y como consecuencia a necesitar cambios en su entorno. Y en su entorno se encuentra el hombre.Una mujer que descubre dentro de sí el poder de lo femenino ya no es vulnerable ante el hombre ni depende de él para sentirse completa. Sabe que el machismo tiene muchas caras y que no siempre es tan evidente como una bofetada o un golpe en la mesa. La relación con el hombre está llena de situaciones, respuestas, reacciones, intenciones, gestos, actitudes que llevan el sello del macho, unas veces explícitamente y otras de forma más sutil. La labor es larga y compleja, porque se trata de desarmar un sistema de valores muy arraigado, el único conocido hasta ahora, y para ello todo esfuerzo es poco.

INFLUENCIA DE LA IGLESIA CATÓLICA EN LOS DERECHOS DE LA MUJER


Todavía en países del Tercer Mundo la influencia de la Iglesia Católica y el Fundamentalismo Islámico niega el derecho del individuo a una vida sexual libre y satisfactoria. La mujer no tiene libertad a la hora de elegir el número de hijos que desea tener, y en muchos países precisa del consentimiento del varón para acceder a medios anticonceptivos. Un dato alarmante señala que anualmente 5'8 millones de personas se convierten en portadoras del VIH y 2'5 millones mueren de Sida mientras la Iglesia Católica sigue obstruyendo el uso de condones, esenciales en la prevención del VIH.
En este sentido un colectivo católico progresista en su campaña "See Change" destacaba la necesidad de cambiar el estatus del Vaticano en la ONU para contrarrestar el recorte de los derechos sexuales. "La Santa Sede limita el acceso a la planificación familiar, al aborto en los países donde es legal y a los anticonceptivos de emergencia, incluso para los casos de mujeres violadas durante la guerra. En este marco, cada año mueren innecesariamente 600.000 mujeres durante el embarazo y el parto." La maternidad se convierte en muchos casos en un arma de opresión para la mujer. Una obligación impuesta por su condición biológica e instrumentalizada por las diferentes sociedades que pretenden reducir a la mujer a ser una productora de miembros de la comunidad. Y mejor si estos son varones, pues en el continente asiático, por citar un ejemplo, vale más un hombre que una mujer y se practica con frecuencia el aborto selectivo en función del sexo.

En las sociedades desarrolladas aunque la mujer puede elegir sobre su maternidad, ésta sigue siendo un "handicap" para muchas mujeres. Resulta muy difícil, por no decir imposible, compaginar la maternidad con una vida laboral remunerada y se espera de ella una dedicación absoluta al cuidado de los hijos. Lo que de forma natural es una experiencia enriquecedora y gratificante para la mujer puede suponer una pérdida de su libertad si contempla que su fin como mujer y su propia felicidad está en función de crear una familia.
La mujer de hoy tiene una asignatura pendiente, fruto de los años de sometimiento, y es descubrirse a ella misma con independencia de las circunstancias en las que elija vivir: en pareja, con una familia o sola.

LA MUJER DEL SIGLO XIX

A lo largo de mi carrera como alumna, y de manera personal, me pude percatar del lugar que la misma sociedad nos ha asignado a las mujeres, tanto en el hogar, en la escuela, en el trabajo, en el noviazgo, en la familia y en el matrimonio. La mujer ha sido calificada como un objeto de trabajo, de deseo, encargada de conservar la riqueza de un país, una nación o bien de una familia, a cambio de su felicidad y su propia dignidad. Esta idea ha sido propagada por el catolicismo, ya que algunos teóricos de la misma religión, como San Agustín de Hipona, San Anselmo, San Gregorio, entre otros, han visto a la mujer como aquella "persona" encargada de procrear hijos y que, si no fuera por esa "sencilla" labor, no tendría porque aparecer en el terreno celestial y, mucho menos, se tendría porque tomar como objeto de estudio.
Tal ha sido el impacto de esta ideología que ha llegado a pleno siglo XXI, en la actualidad se observan casos de homicidio, intimidación, humillaciones, entre otras cosas, contra mujeres de todo tipo, pues no se respeta ni la condición social a la que pertenecen, ni mucho menos la edad. Tal es el caso tan mencionado de Ciudad Juárez, Chihuahua, en donde a diario se cometen crímenes contra mujeres y no se cuenta con apoyo ni del gobierno, ni de los propios hombres de la región. Esta situación ha ido aumentando, gracias a que el término mujer, en aquel lugar, ya no significa nada, matar a una mujer en Ciudad Juárez es una cosa que se ha vuelto común.
Esta problemática y el afán de encontrar una respuesta que me pueda explicar el porqué de la situación de que estemos abnegadas las mujeres, me llevó a localizar en el siglo XIX la viva expresión de la violencia, la cohibición, la falta de conciencia, el sometimiento, la abnegación y la desesperación que sufrían las mujeres de aquella época, pues "a la mujer como a la naturaleza, se le admira pero se le teme, se le sublima pero se le desprecia". Claro está que el siglo XIX fue una época que llevó en sus entrañas el catolicismo, éste se encargó de denigrar el papel que les correspondía a las mujeres, para ellas no existía otro camino que el claustro o el matrimonio. ¿Qué otro camino podría quedar?, cuando sólo eran consideradas un integrante más de la sociedad, un integrante que le pertenecía al varón tanto en cuerpo como en alma por lo que le debía obediencia, abnegación y rectitud.
Es en el matrimonio, en la familia y en la religión en donde se puede observar con mayor claridad lo que la mujer vivía y sufría al lado de un hombre, que empapado por la época y la religión, carecía de criterio y entendimiento para comprender la verdadera función de su compañera desde su creación.
La presente ponencia tiene como función rescatar el verdadero valor de la mujer, dentro del matrimonio en la primera mitad del siglo XIX, por medio de las acciones, conductas y sentimientos que prevalecían en la conciencia y el sentir de la época.

jueves, 10 de noviembre de 2011

LA MUJER SOMETIDA

La necesidad de los hombres de controlar a las mujeres ha sido tal, que le ha llevado desde los tiempos antiguos a privarlas de sus valores más fundamentales.
La historia de las mujeres, es decir, de más de la mitad de la humanidad, apenas aparece reflejada en los libros de texto. Durante siglos ha sido silenciada y tan sólo en algunos casos aparecen personajes femeninos rodeados de un halo de misterio.La cultura masculina ha tiranizado las relaciones entre géneros imponiendo su autoridad en todos los ámbitos: sociales, religiosos, políticos y culturales. De ahí que aún hoy día la mujer sufra una constante discriminación que sigue negando la igualdad de derechos con respecto a los hombres. La tortura de mujeres, tanto en el ámbito doméstico como en el institucional, es una práctica cotidiana. Amnistía Internacional no cesa de denunciar las innumerables ocasiones en las que los autores de los actos de violencia son policías, agentes del Estado, soldados de diferentes facciones. En países en desarrollo, como Kenia, las mujeres tienen miedo de denunciar el haber sido violadas por la reacción de la propia comunidad. Los campamentos de refugiados son escenarios de todo tipo de atrocidades contra las mujeres, que siempre se llevan la peor parte. De todos son conocidas las consecuencias de las limpiezas étnicas practicadas en países como Bosnia-Herzegovina. En gran medida las mujeres son consideradas como un botín de guerra. El bando ganador busca la humillación para el vencido sometiendo a sus mujeres. Los datos de ventas de mujeres son escalofriantes. Según el Fondo de Población de Naciones Unidas, se estima que cada año dos millones de niñas entre cinco y quince años de edad son incorporadas al mercado comercial del sexo, y alrededor de unos 4 millones de mujeres y niñas son vendidas, con destino al matrimonio, la esclavitud o la prostitución. Muchas de ellas son engañadas por los tratantes con promesas de empleo.En el mundo hay más de 130 millones de mujeres mutiladas y cada año esta cifra aumenta en dos millones. Normalmente son niñas entre cuatro y doce años que, en condiciones ínfimas de higiene y seguridad, sufren la ablación de clítoris. En algunos países de la india llegan incluso a coser sus labios mayores. Cuando la muchacha contrae matrimonio la costura se corta un poco para permitir el acto sexual, y luego, para que pueda dar a luz. La lista de actos violentos contra la mujer es interminable, y está llena de nombres y apellidos, de situaciones familiares, de caras marcadas por el horror. Según un Informe sobre el Desarrollo Humano de Naciones Unidas, de los 1300 millones de personas que viven en una pobreza absoluta, el 70% son mujeres.